Una parte importante de las visitas de service que hacemos son por equipos con menos de dos años que no rinden. Casi nunca es una falla de fábrica: es la instalación. Estos son los siete errores que más encontramos, en orden de frecuencia.
1. Vacío insuficiente o inexistente
Es el más grave y el más invisible. Antes de abrir las válvulas hay que extraer el aire y la humedad de la cañería con una bomba de vacío, verificando con vacuómetro que el circuito sostenga el vacío. Lleva tiempo, y por eso muchos instaladores lo reemplazan por una “purga” con el propio gas del equipo, que lleva dos minutos.
El equipo arranca igual y el cliente no nota nada. Pero queda aire y humedad adentro: esa humedad forma ácidos que atacan el bobinado del compresor y el aire genera presiones de trabajo anormales. El resultado aparece años después, como un compresor quemado que nadie relaciona con el día de la instalación. Es el ahorro más caro de toda la instalación.
2. Cañería sin aislar o mal aislada
Las dos líneas de cobre tienen que ir aisladas en todo su recorrido, cada una con su aislación y sin tramos de cobre desnudo. Cuando falta aislación, la línea condensa y gotea por donde pasa —a veces dentro de la pared—, y además se pierde capacidad frigorífica en el camino. La cinta que se usa para prolijar el recorrido no reemplaza a la aislación.
3. Desagote con contrapendiente
La manguera de condensado necesita pendiente continua hacia afuera. Si en algún tramo sube, aunque sea unos centímetros, el agua se acumula, la bandeja desborda y el equipo gotea sobre la pared. Es la causa más común de equipos que pierden agua a los pocos meses de instalados, y se corrige rehaciendo el recorrido o instalando una bomba de condensado.
4. Uniones cónicas mal ajustadas
Las uniones entre la cañería y los equipos se hacen con abocardado y tuerca cónica, y tienen un par de apriete correcto. Apretadas de menos, pierden refrigerante lentamente; apretadas de más, se deforma el cobre y también pierden. Una unión mal hecha es una fuga lenta que aparece como “le falta gas” al año siguiente.
5. Unidad exterior sin ventilación
Encajada en un hueco sin circulación, contra una pared a diez centímetros, tapada con una reja decorativa o encerrada en un baulera. El condensador necesita mover aire para disipar el calor, y si no puede, la presión sube y el equipo corta por protección, justo los días de más calor. Lo explicamos en por qué el equipo se apaga solo.
6. Alimentación eléctrica improvisada
Enchufado a un toma existente que ya alimenta otros consumos, con un cable de sección menor a la que pide el equipo, o sin protección propia. El síntoma es la térmica que salta cada vez que arranca el compresor, o el toma que se recalienta. La solución es un circuito dedicado con su protección: ver línea eléctrica para aire acondicionado.
7. Equipo mal dimensionado
Este no es un error de montaje sino de asesoramiento, y es el más caro de corregir porque implica cambiar el equipo. Un aire corto trabaja al máximo todo el día sin llegar nunca; uno sobredimensionado arranca y corta permanentemente, consume más y deshumidifica peor. Antes de comprar conviene hacer el cálculo: cuántas frigorías necesita el ambiente.
Cómo evitarlos
Al pedir presupuesto, preguntá tres cosas concretas:
- ¿El vacío se hace con bomba y vacuómetro?
- ¿La cañería va aislada en todo el recorrido y qué aislación usan?
- ¿Está incluida la revisión de la línea eléctrica, o va aparte?
Un presupuesto que responde esas tres preguntas con naturalidad es de alguien que trabaja bien. Uno que las esquiva, o que es notablemente más barato sin explicar por qué, casi siempre está ahorrando en alguno de estos siete puntos.
Si ya tenés un equipo instalado y sospechás que algo quedó mal, lo revisamos y te lo decimos por escrito, con fotos, para que puedas reclamarle a quien lo instaló. Ver diagnóstico de fallas.
