La canalización no es el envase del cable: es parte de la instalación. Define cuánto se calientan los conductores, si se pueden reemplazar mañana sin romper nada y qué tipo de daño mecánico soportan. Elegirla por costumbre es el origen de la mitad de las instalaciones que después no se pueden ampliar.
Caño embutido en mampostería
Es lo estándar en obra nueva de vivienda. Va dentro de la pared o del contrapiso, no se ve y protege bien. Su límite es que una vez cerrada la pared, la única forma de agregar un conductor es que el caño tenga espacio libre. De ahí la regla que casi nadie respeta: el caño no se llena, se deja margen para pasar un cable más y para que los que están puedan deslizarse.
Caño a la vista, rígido
En locales, talleres y sótanos, donde no hay revoque nuevo que hacer o donde se necesita poder intervenir. El caño rígido con sus cajas y accesorios protege contra golpes mejor que cualquier otra opción a la vista, y en ambientes húmedos o con presencia de agua es prácticamente la única alternativa seria.
Bandeja portacables
Es la solución de instalaciones medianas y grandes: naves, plantas, oficinas amplias, salas de máquinas. Los cables van apoyados y a la vista, lo que facilita ampliar, reemplazar y revisar. Ventaja técnica concreta: al estar al aire, los conductores disipan mejor y admiten más corriente que dentro de un caño. La contra es el agrupamiento, porque una bandeja llena vuelve a calentar. Ver bandejas portacables y canalizaciones.
Cablecanal
Bandeja plástica con tapa, pegada o atornillada a la pared. Resuelve bien el agregado de puestos de trabajo en oficinas y la distribución de datos y energía en mostradores. No sirve para ambientes húmedos ni donde haya riesgo de golpes, y no es una excusa para dejar cables sin la protección que corresponde.
Lo que nunca es canalización
- Cable suelto grapado a la pared o al zócalo.
- Cable pasando por el entretecho apoyado sobre el cielorraso.
- Prolongadores permanentes haciendo de instalación fija.
- Cable enterrado en jardín sin caño ni protección mecánica.
Los circuitos de energía no van en el mismo conducto que los de datos, telefonía o señales de control: la inducción genera ruido y, en el peor caso, tensiones peligrosas en cables que nadie espera que tengan tensión. Si hace falta que corran paralelos, se separan físicamente o se usan bandejas con tabique.
Un caño no se llena hasta donde entra a la fuerza. Hay un porcentaje máximo de ocupación de la sección interior, y existe por dos razones concretas. La primera es térmica: los conductores apretados no disipan y se calientan entre sí. La segunda es mecánica: pasar un cable con el caño lleno raspa el aislante de los que ya están, y ese raspón es una falla a tierra futura que va a aparecer meses después sin explicación aparente. Cuando el caño quedó corto, la solución es tirar un caño nuevo, no forzar uno más.
Cómo se elige
- Por el ambiente: humedad, polvo, riesgo de golpes, temperatura.
- Por la probabilidad de cambios: cuanto más va a crecer la instalación, más conviene lo registrable.
- Por la cantidad de circuitos: muchos juntos piden bandeja con espacio, no caños repletos.
- Por la estética del lugar, que importa, pero se resuelve último y nunca sacrificando lo anterior.
Lo definimos en el relevamiento
Antes de presupuestar miramos por dónde puede ir cada cosa, porque la canalización suele pesar más en el costo que el propio cable. Ver instalación eléctrica industrial y instalación eléctrica de oficinas.
