Un salón de usos múltiples pasa la mayor parte del tiempo vacío y unas pocas horas por semana con treinta personas adentro. Ese perfil rompe el criterio habitual de cálculo, porque si se dimensiona para el promedio no sirve nunca y si se dimensiona para el pico se desperdicia todo el año.
La carga que casi nadie suma
Una persona en reposo aporta del orden de 100 kilocalorías por hora de calor sensible y latente al ambiente. Treinta personas son 3000 kilocalorías por hora solo de ocupación, que es más de lo que pide por transmisión un salón de 50 metros cuadrados. En una sala de reuniones de oficina, con doce personas, notebooks y un proyector, la ocupación puede ser la mitad de la carga total. Ese es el motivo por el que estos ambientes siempre quedan chicos.
Cómo se dimensiona bien
- Calcular la carga por envolvente: metros, orientación, vidrios, techo.
- Sumar la ocupación máxima prevista, no la habitual.
- Sumar equipamiento: proyector, iluminación, cocina si el SUM la tiene.
- Elegir un sistema que module, porque la carga varía muchísimo entre un día y otro.
Ver cuántas frigorías necesito.
Por qué acá el inverter no es opcional
Un equipo on-off dimensionado para el pico, funcionando con dos personas en la sala, arranca y corta cada pocos minutos, no deshumidifica y castiga al compresor. Un inverter baja a una fracción de su capacidad y sostiene la temperatura. En ambientes con ocupación tan variable, la diferencia es entre un sistema que funciona y uno que molesta. Ver inverter o convencional.
Repartir en dos equipos en lugar de uno grande
En salones alargados, dos equipos de capacidad media distribuidos dan mejor resultado que uno grande en una punta: la temperatura queda pareja y se puede usar uno solo cuando hay poca gente. Es también una forma de redundancia: si uno falla el día del evento, el salón no queda sin nada.
El aire que hace falta no es solo frío
Con mucha gente en un espacio cerrado, el problema pasa a ser la renovación. El dióxido de carbono sube, el ambiente se vuelve pesado y bajar la temperatura no lo arregla. Un SUM o una sala de reuniones de uso intensivo pide aire exterior, ya sea por un sistema de renovación o al menos por una extracción que obligue a entrar aire nuevo. Ver ventilación y renovación de aire.
El ruido importa más de lo habitual
En una sala de reuniones el equipo compite con la palabra hablada y con las videollamadas. Conviene un cassette o un piso techo con caudal amplio trabajando a velocidad media antes que un equipo chico a máxima. La unidad exterior, si el SUM está cerca de dormitorios, va sobre tacos antivibratorios y lejos de las ventanas.
Antes del evento
Un salón que estuvo cerrado dos semanas necesita entre 40 y 60 minutos de equipo encendido antes de que llegue la gente, porque hay que enfriar la masa del ambiente y no solo el aire. Dejarlo para último momento es la queja más común y no es culpa del equipo.
Quién maneja el control
En un SUM de consorcio, el control remoto suelto desaparece o queda en manos de quien alquiló el salón el fin de semana pasado. Lo práctico es un control cableado fijo en la pared, con bloqueo de rango de temperatura para que nadie lo ponga en 16 grados pensando que así enfría más rápido. En salas de reuniones de oficina, lo mismo: consigna acotada y control fijo evitan la mitad de las quejas.
Cómo lo resolvemos
Calculamos con la ocupación real declarada por la administración y dejamos escrito en el presupuesto para cuántas personas está dimensionado. Ver aire en salones de eventos y instalación en oficinas.
