Cuando alguien pide el unifilar no está pidiendo un dibujo bonito. Está pidiendo el único documento que permite entender una instalación sin abrir paredes: qué entra, cómo se protege, cómo se reparte y con qué cables.
Por qué se llama unifilar
Porque representa con una sola línea lo que en la realidad son dos, tres o cuatro conductores. Esa simplificación es deliberada: el objetivo no es mostrar el cableado físico sino la lógica de protección y distribución. Para el recorrido real están los planos de planta y el esquema de canalizaciones.
Qué información tiene que traer
- La acometida: monofásica o trifásica, corriente contratada y sección del cable de alimentación.
- Las protecciones: corriente nominal, curva y capacidad de corte de cada interruptor, y sensibilidad de cada diferencial.
- Cada circuito: identificación, sección de conductores, tipo de canalización y cantidad de bocas o el consumo previsto.
- La puesta a tierra: sección del conductor de protección, tipo de toma de tierra y punto de conexión.
- Los seccionales, si existen, con su línea de alimentación identificada.
Cuándo te lo van a pedir
En habilitaciones comerciales, en trámites de obra, cuando una ART audita un lugar de trabajo, cuando una administración autoriza una intervención en un edificio y cuando una aseguradora evalúa un siniestro eléctrico. También lo pide cualquier electricista serio antes de presupuestar una ampliación: sin unifilar hay que relevar todo de cero y eso se cobra.
El unifilar como herramienta, no como trámite
Un unifilar actualizado convierte una falla en un problema acotado. Con el plano a la vista se sabe qué circuitos comparten diferencial, qué sección tiene la línea que calienta y si la ampliación que se quiere hacer entra en el cable existente o no. Sin plano, cada intervención arranca midiendo.
El problema de los unifilares que mienten
Peor que no tener esquema es tener uno que no coincide con la realidad. Pasa siempre que se agregan circuitos sin actualizar el documento. La regla práctica: el unifilar se corrige en la misma visita en que se modifica el tablero, y se deja copia impresa dentro de la puerta además del archivo. Ver cómo se rotula un tablero.
No es el plano de replanteo: no dice por dónde pasa físicamente cada caño ni a qué altura está cada boca. Tampoco reemplaza al cálculo escrito, que es el respaldo de los números que aparecen en el esquema. Y no es un archivo que se guarda en una carpeta: si el electricista que llega a una urgencia no lo tiene a la vista dentro del tablero, para él no existe. Lo razonable es tener las tres cosas: el unifilar impreso en el tablero, el plano de planta con recorridos y canalizaciones, y la memoria de cálculo guardada con la documentación del inmueble.
El costo aparece siempre en el peor momento: una urgencia nocturna en la que hay que relevar antes de reparar, una habilitación demorada, un presupuesto de ampliación inflado por la incertidumbre. Relevar y dibujar una instalación existente es una tarea acotada y previsible; hacerlo con el local cerrado y perdiendo facturación, no.
Qué relación tiene con el cálculo
El unifilar es la salida de un cálculo previo, no un dibujo hecho a ojo. Detrás de cada número hay una demanda estimada, una verificación de sección por corriente admisible y por caída de tensión, y una elección de protección coherente con esa sección. La normativa argentina de instalaciones eléctricas, la serie AEA 90364, organiza la instalación con esa lógica. Ver cómo se calcula la sección de cable.
Qué entregamos nosotros
En toda obra eléctrica dejamos el esquema unifilar y el listado de circuitos, firmados por matriculado cuando el trámite lo requiere. Si ya tenés instalación y no tenés plano, lo relevamos y lo armamos. Ver certificado de instalación eléctrica y instalación eléctrica para constructoras.
