La pregunta aparece siempre en el mismo momento: cuando alguien quiere poner una máquina, un ascensor, varios equipos de aire o una cocina comercial completa, y le dicen que necesita trifásica. Vale la pena entender qué cambia realmente, porque la respuesta no siempre es que sí.
La diferencia de fondo
En monofásica hay una fase y un neutro: toda la potencia viaja por un solo par de conductores. En trifásica hay tres fases desfasadas entre sí, más el neutro. La misma potencia se reparte entre tres conductores, con dos consecuencias directas: menos corriente por cable para la misma potencia, y la posibilidad de generar un campo magnético giratorio, que es lo que necesitan los motores trifásicos para arrancar solos.
Cuándo se justifica
- Motores de cierto tamaño: por encima de unos pocos caballos, el motor trifásico es más eficiente, arranca mejor y no necesita capacitores ni sistemas de arranque especiales.
- Demanda alta: cuando la potencia requerida hace que la corriente monofásica exija cables desproporcionados.
- Cargas que se pueden equilibrar: varios equipos de aire, hornos, iluminación de un local grande.
- Tiradas largas con consumo importante, donde repartir baja mucho la caída de tensión. Ver caída de tensión.
- Equipos que directamente solo existen en trifásico: ascensores, compresores industriales, centrales de frío.
Cuándo no hace falta
Una vivienda con equipos de aire hogareños, termotanque y cocina eléctrica casi siempre se resuelve en monofásica con una acometida correctamente dimensionada y los circuitos bien repartidos. Pasar a trifásica por las dudas suma un costo de adecuación que no siempre se recupera. Ver cómo se dimensiona la acometida.
El equilibrio entre fases
Tener trifásica y colgar casi todo de la misma fase es tirar la ventaja a la basura: esa fase se sobrecarga, las otras quedan ociosas y aparece corriente por el neutro. El reparto se hace en el proyecto, con las cargas conocidas, y se verifica midiendo corriente por fase con la instalación en uso real. Es una de las mediciones que más problemas destapa en una auditoría.
Cuando las cargas están equilibradas, el neutro conduce poco. Cuando hay desequilibrio, o cuando hay muchas cargas electrónicas que inyectan armónicos, el neutro puede llegar a conducir tanto o más que una fase. Por eso en instalaciones con mucha electrónica el neutro no se dimensiona reducido. Ver variadores y armónicos.
El costo que no se ve
Cambiar a trifásica no cuesta solo el trámite y el medidor. Hay que sumar el cable de alimentación nuevo, el tablero con protecciones tetrapolares, la redistribución de los circuitos existentes y, si el inmueble es antiguo, el espacio físico para el gabinete del medidor, que en un PH o en un edificio no siempre está disponible. Por eso la decisión se toma con el cálculo de demanda hecho: si con monofásica y una acometida bien dimensionada alcanza, el dinero rinde más en mejorar los circuitos interiores que en cambiar el tipo de suministro.
Qué implica el cambio
- Trámite ante la distribuidora y cambio de medidor.
- Nueva acometida y cable de alimentación acorde.
- Tablero nuevo o reformado, con protecciones tetrapolares donde corresponda.
- Redistribución de los circuitos existentes entre las tres fases.
- Revisión de la puesta a tierra, que pasa a ser aún más relevante.
Dos errores clásicos: conectar entre dos fases algo pensado para fase y neutro, con la tensión resultante que eso implica, y hacer circuitos que tomen fases distintas dentro de una misma caja sin señalización. Lo segundo es un riesgo concreto para quien intervenga después creyendo que cortó todo.
Lo evaluamos con números
Relevamos consumos, medimos y decimos si conviene o no antes de que inicies el trámite. Ver electricidad para empresas.
